martes, 17 de abril de 2012

¿Endeudamiento o una nueva forma de esclavitud?

En medio de la cínica retórica oficialista que pretende mostrar -casi como en el teatro de lo absurdo- a Chile como el gran referente en materia de derechos y libertades, aparece cuan triste inyección de realidad el llamado desesperado de una agrupación de nuevos estafados por el modelo Neoliberal.


Hace pocos días un grupo de egresados emitió un comunicado (9 Abril 2012) en el cual se presentaban como “un grupo formado en su mayoría por familias de clase media chilena, que no contaban con los recursos económicos suficientes para costear la educación superior de sus hijos, encontrando como única opción para estudiar la del endeudamiento directo con la banca a través del llamado Crédito Corfo de Pregrado”


El Crédito CORFO es un mecanismo de financiamiento implementado en los años 90 que viene, junto al CAE del 2005, a profundizar el modelo neoliberal en la educación impuesto durante la dictadura militar. Este crédito, que posee tasas de interés por sobre los 8,5%, le permitió a los bancos abrir una nueva área de negocios a costa del sueño de miles de familias chilenas de segmentos medios de ver a sus hijos ingresar a la educación superior, y que por el nivel de sus remuneraciones mensuales no podrían pagarla total o parcialmente. Para estas familias, al momento de decidir y entrar a la educación superior no les quedó más alternativa que el Crédito Corfo de Pregrado. Gran libertad de elección que asegura nuestro modelo.


El problema hoy día es que esta “gran ocurrencia” para financiar los estudios superiores, resultó muy rentable para los bancos que generaron miles de millones de pesos en ganancias, pero nada positiva para las familias de segmentos medios que se vieron obligadas a adquirir el crédito para que algún día, pudiesen con sus estudios, mejorar sus condiciones de vida.


Así, la llamada clase media, aquella que no clasifica en la pobreza estadística, aquella desfocalizada de las políticas de gasto social del Estado, la que debe pagar hasta por el derecho más básico, la que creyó en algún momento en el discurso de la “movilidad social”, de que sacrificándose económicamente con un crédito para ingresar a la educación superior, alcanzarían el nivel de cualificación suficiente para ser a futuro más productivos y así aumentar su nivel de remuneraciones -según la “teoría del capital humano”-.


Esa clase media es la que hoy se expresa en más de 100 mil familias que pusieron el grito en el cielo cuando se dieron cuenta que el crédito se volvía impagable al operar bajo formas incluso peores que los créditos de consumo o hipotecarios. Muchos tuvieron que desertar con una gran deuda e insertarse en el mundo del trabajo precarizado para poder pagarla, otros ya profesionales titulados se han dado cuenta que jamás podrán pagar lo adeudado. Pero los daños son más graves cuando se anuncian casos de embargos, remates, amenazas telefónicas de judicializaciones, ingresos a DICOM y verdaderos ataques psicológicos de los bancos contra los estudiantes o sus avales. Es decir, al daño patrimonial, se le suma el daño a la integridad moral y psicológica de los jóvenes y sus familias.


Hay 100 mil familias que producto de la evidencia empírica no se compran el discurso del oficialismo en materia de derechos. Son ellos a los que la realidad les ha dicho que la única posibilidad que tienen de ejercer su derecho a la educación es firmando créditos millonarios y a tasas de interés altísimas. (peculiar forma que tiene el Chile Neoliberal de garantizar derechos); 100 mil familias que están hoy día con la soga al cuello, que viven con la angustia de ser esclavos de una deuda que jamás podrán pagar; que se han dado cuenta que la tan anhelada movilidad social se convirtió en un verdadero retroceso y estancamiento económico;

Esto no es más que un bien pensado mecanismo para la profundización -o al menos la mantención- de las desigualdades, condenando a quienes no pudieron pagar en efectivo a terminar pagando más que los mas ricos por su educación, perdiendo hasta su casa.

Esto no es más que una nueva forma de esclavitud, la del neoliberalismo. Las reglas del mercado de las cuales nos hacemos dependientes sin posibilidad de elegir, es donde los bancos y los intereses privados siempre ganan.

¿Cuándo será que el interés público se anteponga a los intereses económicos de privados?


PD: Si eres un endeudado del crédito CORFO, únete al grupo y organízate en http://www.facebook.com/groups/estafadoscorfo/306892472716345/?notif_t=like

lunes, 16 de abril de 2012

Una Gran CONFECH

El sábado 14 abril se llevó a cabo una sesión de la CONFECH en el campus San Joaquín de la Universidad Católica. Con una alta participación de las distintas federaciones repartidas por el país se sostuvo una enriquecedora discusión y una gran capacidad de llegar a acuerdos, en función de las discusiones de base, que fortalecen al movimiento estudiantil. Es motivo de alegría la maduración de un movimiento y la capacidad que ha demostrado de llevar a la praxis el discurso de la unidad.

Si somos capaces de mantener durante el transcurso del año esta unidad y altura de miras que se han expresado, probablemente podremos como estudiantes lograr pasos importantes en las demandas que tan amplios sectores de la población respaldan.

Es valorable la disposición y autocrítica de las distintas federaciones en reconocer que ninguna de las propuestas presentadas de metodología para la realización del Congreso CONFECH por sí sola iba a generar una aprobación mayoritaria y que, por tanto, se reconociera la necesidad de la integración de los distintos enfoques presentados, en miras de un Congreso masivo, participativo, democrático y que integre todas las visiones para proyectar al movimiento estudiantil.

Es muy positivo el hecho que se integren con plenos derechos a la CONFECH federaciones de estudiantes de la Educación Superior privada dado que es un importante avance y una señal concreta de la articulación amplia del movimiento estudiantil: los estudiantes hacemos diferencias entre las distintas casas de estudios, pero no así en los estudiantes que tenemos la capacidad de generar un solo arco de demandas y una lucha unitaria.

También fue altamente productiva la discusión que caracterizó los ejes centrales a plantear en las convocatorias ya fijadas para el 21 y 25 de abril. Se dieron ciertas luces de un norte estratégico. La necesidad de una reforma estructural en el Sistema de Educación Superior es urgente, al igual que en el conjunto del sistema educacional. Aquí cobra sentido el objetivo de avanzar hacia una educación pública, gratuita, democrática, de calidad y sin lucro, donde el Estado retome su rol garante, así como también la necesidad de converger y relacionarse con la diversidad de actores sociales movilizados que este año 2012 con fuerza han despertado.

El movimiento estudiantil ha dado una muestra clara que ha capitalizado la experiencia del 2011. Bajo este aspecto, considero que es fundamental mantener la unidad del movimiento estudiantil. Se debe remarcar la necesidad de que se pueda acordar una plataforma política programática que guie los planteamientos que le haremos a la sociedad chilena, no solo para este 2012, pues debe haber una visión que considere también elementos de mediano y largo plazo.

Toda la discusión desarrollada el día sábado dio como resultado acuerdos que integraron las distintas visiones, por lo cual no fue necesario tener que votar en ninguna ocasión. En nuestro debate participaron los trabajadores de la educación, estudiantes secundarios y la Organización Continental Latinoamericana y Caribeña de Estudiantes. Una muestra clara que nuestra lucha traspasa nuestro gremio, así como también las fronteras, evidenciando una clara vocación política de transformar y mejorar nuestra sociedad.

Los estudiantes, en un contexto de mayor despertar social, debemos propender a la unidad de los distintos actores sociales. Y así colaborar en el proceso de que los movimientos sociales generen convergencias programáticas orientadas a hacer transformaciones profundas de nuestro país. Construyendo para Chile una real democracia, mayor igualdad y la garantía de derechos sociales universales como lo son la educación y salud pública de calidad.

martes, 10 de abril de 2012

Los Verdaderos Retrógrados

He vuelto de Cuba, gracias a la invitación -como parte de la delegación de las Juventudes Comunistas de Chile- a celebrar los 50 años de la Unión de Jóvenes Comunistas. En nuestra visita tuvimos la oportunidad de estar en 8 universidades haciendo presentaciones sobre el movimiento social por la educación en Chile y sus principales demandas. En estos espacios no sólo tuvimos la oportunidad de exponer a más de 5 mil estudiantes cubanos y de más de 115 países distintos que han tenido la oportunidad de estudiar gratuitamente en Cuba, sino que de compartir experiencias, opiniones y análisis respecto a la situación de Chile y de otros países neoliberales en los cuales la educación no está asegurada, además de hablar sobre la educación cubana, sus grandes avances, sus amenazas y sus desafíos. Intercambios sobre las experiencias de dos países opuestos en muchos sentidos, pero que no dejan de tener cosas en común.

Pero los encuentros no fueron sólo con estudiantes universitarios, sino también con estudiantes de secundaria, con profesores, rectores y autoridades ministeriales, historiadores, músicos, organizaciones sociales y culturales. En todos los espacios primó el respeto a las diferencias, el trato de igual a igual, la fraternidad y la calidad argumentativa que muchas veces se ausenta en nuestras propias autoridades de gobierno o congresistas.

Nadie en el mundo podría negar los grandes avances que ha tenido la Revolución Cubana en Educación. Partiendo de los informes internacionales como el de la UNESCO como el LLECE que haciendo un estudio comparado argumenta el por qué Finlandia y Cuba tienen reconocidos y exitosos modelos educacionales en contraposición a la mala educación en Chile.

Antes de la Revolución, Cuba estaba sumergida en el extremo analfabetismo e ignorancia, insalubridad, desnutrición, desempleo y la constante opresión, despojo y masacre producida por parte de la dictadura de Batista. La educación constituyó y sigue constituyendo un sector estratégico para el desarrollo cubano. Para erradicar el analfabetismo, la ignorancia y la carencia abrumadora de profesionales y expertos en los distintos ámbitos que la revolución debía abordar para el desarrollo de su soberanía, se implementó la “Universalización del Conocimiento” a través de la masificación de la educación, donde el centro estuvo puesto en el ser humano, su igualdad de oportunidades y su desarrollo intelectual, artístico y humano pleno, única forma de asegurar la libertad (“Ser cultos para ser libres”, José Martí)

De esta forma el Estado es el que asume la completa responsabilidad de financiar y desarrollar una política educacional igualitaria, gratuita y de calidad, que pudiese llegar a cada rincón del territorio cubano sin dar posibilidad alguna al ausentismo por razones económicas, físicas, geográficas, familiares u otras que pudiesen determinar de manera arbitraria el futuro de los niños y jóvenes.

Hoy la educación cubana garantiza acceso universal y de calidad a todos los niños y jóvenes cubanos independiente de su lugar de residencia. Los 169 municipios cuentan con educación pública y gratuita en todos sus niveles, estando las universidades orientadas a carreras que responden de mejor manera a los intereses del municipio o del desarrollo provincial y con un sistema de egreso orientado a la retribución social de lo aprendido.

Pese a los graves problemas económicos que tiene Cuba, gran parte de sus recursos los invierte en la mantención y desarrollo de la educación pública y gratuita la cual ya no es propiciada sólo a los cubanos, sino que a jóvenes de 115 países diferentes, incluyendo Chile, de los cuales han salido 325 médicos de excelencia entre el 2005 y el 2011.

Lo más sorprendente de todo es que en Chile sin necesidad de hacer una revolución armada, estábamos avanzando a pasos agigantados hacia la educación pública gratuita y de calidad. Lamentablemente este proyecto se vio truncado por una brutal dictadura que nos impuso a sangre y a fuego la educación mercantil, segregada y de mala calidad que tenemos hasta el día de hoy. Esperemos que nuevamente una revolución democrática nos abra de nuevo las grandes Alamedas y nos permita conquistar esa añorada educación para el surgimiento de un hombre y mujer nuevos, de una sociedad nueva, de la felicidad plena. Este es un proyecto que nos podemos fijar como sociedad, pudiendo pasar muchas menos dificultades que las que ha tenido que sortear la sociedad cubana.

Cuba, apenas a 100 millas del imperio más agresivo de la era moderna, vive una realidad que no deja de tener contradicciones. La isla que las mafias y magnates norteamericanos la habían convertido en su lugar de esparcimiento, tuvo la osadía de liberarse de su destino colonial. Pero a un altísimo costo. Desde el mismo momento en que la revolución inició la recuperación de las riquezas de la isla para el beneficio de su pueblo, EE.UU. le declaró una guerra económica, ideológica, mediática y con incursiones militares que persiste hasta el día de hoy.

El prólogo que escribe Ignacio Ramonet al libro-entrevista que le realiza a Fidel Castro (Ramonet, Ignacio (2007). Fidel Castro. Biografía a dos voces. Buenos Aires. Debate. Los textos en cursiva son citas extraídas del libro) es sumamente enriquecedor para contextualizar el panorama de guerra fría que aún sufre el pueblo cubano. El daño económico producto del Bloqueo impuesto por EE.UU., que hasta el día de hoy persiste, se calcula que asciende a los 70.000 millones de dólares; toda la propaganda anti-cubana es financiada directamente por los norteamericanos, que además permite en su territorio la existencia y entrenamiento de grupos terroristas que buscan la caída del régimen; Cuba es uno de los países que más víctimas de atentados ha tenido (cerca de tres mil quinientos muertos y dos mil lisiados de por vida) y que más ha sufrido por el terrorismo en los últimos cuarenta años; se estima que el financiamiento por parte de EE.UU. a los grupos disidentes supera los 62.8 millones de Euros; sin mencionar la horrorosa “ley de ajuste” norteamericana, que otorga renta y residencia a todo cubano que llegue de manera ilegal a Norteamérica, con el fin de ofrecer el espectáculo del escape del comunismo, lo cual ha generado la muerte de muchos cubanos. Sin embargo, la emigración ilegal cubana a EE.UU. es similar a la de otros países de Centroamérica y el Caribe.

Se trata de una injerencia innegable de una gran potencia para desestabilizar a un pequeño país y, a la vez, de un verdadero “beso de la muerte” para los opositores. Porque, como ha subrayado el presidente del Parlamento cubano Ricardo Alarcón, “mientras exista esa política, habrá cubanos implicados que conspiren con los americanos, que acepten su dinero y […] no conozco ningún país que no califique semejante actividad como un delito”. Con mayor motivo aún si se piensa que el “plan” americano incluye un “anexo secreto” […] por razones de seguridad nacional” para garantizar su “realización efectiva”.

La revolución cubana, que en su programa original planteaba una mayor apertura del régimen político, ha tenido que reaccionar a las agresiones constantes venidas de fuera, el régimen ha preconizado en el interior del país la unión a la ultranza, instaurando, por ejemplo, el partido único que tal como lo señalé en mi último artículo, no es interés de la izquierda chilena replicar a la realidad nacional, recogiendo el legado de Salvador Allende de una vía chilena al socialismo por una vía democrática y con representación multipartidista.

Los informes de Amnistía Internacional dan cuenta de excesos del régimen, principalmente en la modalidad de detenciones breves, eso es innegable. Sin embargo, no se señala que exista en Cuba casos de tortura física, de “desapariciones”, de asesinatos de periodistas, crímenes políticos o manifestaciones reprimidas con violencia por la fuerza pública […] Esos mismos informes señalan, en cambio, que en algunos Estados de la región que no despiertan la atención de los grandes medios de comunicación […] mujeres, sindicalistas, opositores, periodistas, sacerdotes, magistrados, alcaldes y líderes de la sociedad civil siguen siendo impunemente asesinados, sin que estas violaciones ordinarias de los derechos humanos susciten ningún tipo de emoción mediática internacional.

Se pretende construir una imagen de un país en la cual su pueblo vive el miedo constante a la represión y donde la propaganda oficial logra magistralmente ocultar el verdadero sufrimiento cotidiano de los cubanos. Como una gran conspiración del Gobierno de Cuba sobre su pueblo sin que éste tenga la capacidad ni valentía de gestar una insurrección ante tamaña represión. Puedo perfectamente formarme una opinión propia de la realidad de la isla en los dos viajes que a ella he realizado. En la primera oportunidad tuve incluso la oportunidad de estar en casas y compartir con familias abiertamente contrarias al régimen. En ninguna de las dos oportunidades viví u observé la imagen que algunos quieren hacernos creer, sin más pruebas que su palabra.

Sin embargo, lo importante es que cada uno pueda construir su propia imagen sobre la realidad cubana, teniendo en cuenta lo difícil que es tanto para simpatizantes como detractores dar una imagen del todo objetiva. En Cuba aún se respira guerra fría y detrás del discurso opositor se encuentra innegablemente la mano asesina del Gobierno norteamericano.

Más que trasmitir experiencias personales quiero invitarlos a ver el documental Comandante, realizado por el cineasta norteamericano Oliver Stone. Si aún hay gente que cree que no tengo la capacidad de ver por mí misma la verdad que se esconde tras la oficialidad del protocolo (lo cual, por cierto, es de un machismo impresentable), espero no caigan en la paranoia de creer que un cineasta de la altura de Oliver Stone esté dispuesto a prestarse para un burdo montaje.

Igualmente, los invito a que dejemos por un momento la discusión de Cuba a los cubanos y nos preocupemos sobre lo que sucede en nuestro país.

La última encuesta ADIMARK sitúa la aprobación del Gobierno en un escuálido 29%, una de cada cuatro personas que votaron por Piñera se arrepienten de haber optado a que la derecha tomara el poder. La delincuencia, su principal caballo de batalla electoral, experimenta alzas significativas. Chile es ahora un país más inseguro. Ni el macabro asesinato de Daniel Zamudio permite generar conciencia en los sectores conservadores de la importancia de tener una ley antidiscriminación; ni el hecho que más de un 70% de las mujeres chilenas estiman necesario contar con una legislación que permita el aborto terapéutico permitió que siquiera se aprobara la idea de legislar sobre dicha materia, quedando nuevamente postergada para un año más la discusión.

He leído que sectores de la derecha creen que la baja aprobación a su gestión es solo una falla comunicacional. Qué lástima que no comprendan la magnitud del profundo malestar de los chilenos. Malestar no contra un Gobierno, sino contra un sistema que mantiene y profundiza las desigualdades desde ya casi 40 años y que tan bien representa la derecha en la defensa férrea de grupos minoritarios privilegiados de empresarios. Este profundo malestar se refleja por ejemplo en que existe un 84% de la población que considera que en Chile no existe justicia en la distribución de la riqueza, un 71% que cree que Chile está gobernado por unos cuantos grupos de poderosos en su propio beneficio, un 84,3% que considera que el crecimiento económico no se refleja en el bienestar de la mayoría de la gente, y lo más significativo, existe un 64,5% de la población que afirma que el modelo económico hay que cambiarlo profundamente o eliminarlo para construir uno alternativo (Fuente: Presentación A. Mayol en ENADE 2011, basado en encuestas Latinobarometro 2010-2011 y CIES-UCH)

El 2011, movilizaciones inéditas, tanto en masividad como en respaldo (89% de aprobación en CERC), propusieron para Chile educación pública, gratuita, de calidad, fin al lucro y un nuevo rol del Estado en materia de Derechos. El Gobierno apostó al desgaste. Decidieron de antemano no ceder por ningún motivo ante lo que era una opinión mayoritaria, donde un parlamento binominalizado contribuyó al mantenimiento de una de las principales herencias de la dictadura, fruto de una democracia pactada.

Este 2012 los estudiantes no estaremos solos planteando nuestras demandas. Ya no estuvimos solos el 2011, donde amplios sectores sociales nos respaldaron. Pero este año, dichos sectores sociales ya no solo se expresarán en una lógica de apoyo y solidaridad. A esta necesaria y valiente actitud, que los estudiantes también debemos cultivar, se sumará el que distintos sectores sociales empezarán a plantear sus propias demandas como ya vemos que está ocurriendo.

Un personero de la UDI dijo por ahí que en Chile sobra la plata. Una frase muy desafortunada. Pero lo que sí es cierto es que en nuestro país la riqueza está pésimamente distribuida. Mientras tres de nuestros compatriotas se dan el lujo de estar entre las primeras 100 riquezas mundiales, a una inmensa mayoría se le niega una salud digna, una educación de calidad, un acceso a la cultura, los derechos básicos de vivienda y agua. Calama, comuna donde se extraen las principales ganancias del cobre (que en su mayoría quedan en manos de privados) posee importantes nichos de pobreza; Aysén tuvo que combatir contra una inusitada y desproporcionada violencia policial para disminuir en algo el costo de su canasta básica que es de las más caras en Chile. La desigualdad también tienen cara de centralismo, pero no es esa su única cara.

Es por estas ideas que se me acusa de retrógrada. Y puede que sea cierto: estas ideas no son nuevas, acompañan a los seres humanos desde que iniciaron su lucha contra la desigualdad y la explotación. El lenguaje agresivo de la derecha se explica principalmente porque estas ideas atentan contra sus privilegios.

Las movilizaciones del 2011 deben pasar de la mera rebeldía a la práctica constante y democrática de alcanzar los objetivos planteados por los distintos movimientos sociales. Si para alguien esto le parece añejo quiero señalar que las ideas poderosas no se debilitan con el paso de los años, pues tal como diría el gran Víctor Jara: el canto que ha sido valiente, siempre será canción nueva.

lunes, 2 de abril de 2012

Mis razones para viajar a Cuba (o un llamado a no ser más papista que el Papa)

La Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) ha invitado a una delegación de las Juventudes Comunistas de Chile a las actividades de conmemoración por su 50° aniversario. Formo parte de esta delegación y espero aprovechar este viaje para también realizar intercambios y diálogos con los estudiantes de un país que destaca por sus altos estándares de calidad de una educación que es pública y gratuita. Tendré la oportunidad de poder reunirme con dirigentes estudiantiles de la Organización Continental Latinoamericana y Caribeña de Estudiantes (OCLAE) y de nuestra organización hermana la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), así como también recorrer distintas campus universitarios donde se organizarán foros y debates para poder intercambiar las experiencias del movimiento estudiantil chileno y el cubano.

Sin embargo, ya se empieza a percibir en el ambiente del debate público nacional ácidas críticas por haber aceptado esta invitación. Los mismos sectores que no han criticado al Papa por su viaje a la isla, juntarse con Fidel y declinar reunirse con la disidencia, rasgan vestiduras por la visita que jóvenes comunistas haremos a la isla. Es por esto que quisiera compartir esta reflexión sobre lo paradójico que resulta el discurso de quienes critican con tanta rabia a Cuba o a quienes sienten cariño y respeto por ella, pero que por otro lado, justifican inaceptables prácticas y desigualdades que día a día transcurren en nuestro país, o incluso en el mundo entero debido a las guerras, el hambre, la explotación, la violación a los derechos humanos y un sin fin de concecuencias de la deshumanización que ha producido y sigue produciendo el sistema capitalista y determinados agentes del imperialismo estadounidense.

Lo primero que quiero señalar es que no es primera vez que visito Cuba. Viajé junto a unos amigos el verano del 2009, para conocer la isla en el contexto del 50° aniversario de la revolución popular que derrocó la cruel dictadura de Batista. Gracias al contacto con amigos chilenos (que estudian becados por el Gobierno cubano junto a jóvenes de todo el continente que probablemente no hubieran podido tener acceso a una buena educación en sus respectivos países debido a una formación pensada para la élite, cuyos altos costos privan a los sectores populares de lo que debiese ser su derecho) pudimos salirnos del circuito turístico y empaparnos de la cultura cubana cotidiana, sorprendiéndonos continuamente de las particularidades culturales, políticos y sociales que hacen tan difícil comparar a la ligera a ese país con el nuestro.
Conocí a un pueblo sumamente culto, dispuesto a conversar y discutir de manera permanente los problemas de su sociedad, con un acceso a la cultura, la educación, la salud y el deporte envidiable. La sociedad cubana no vive el drama que viven muchos países como el nuestro de la inseguridad ciudadana. La delincuencia es prácticamente inexistente y hay una ausencia de los hechos de violencia que de cuanto en cuanto estremecen a nuestra sociedad, debido a los nichos de marginalidad que nuestro sistema económico y social es incapaz de erradicar.

Se habla mucho de la represión que sufre el pueblo cubano, y yo quedé muy impresionada de lo contradictorio que es ese discurso si comparamos la práctica policial cubana con la chilena. No vi en ningún momento un Guanaco, un Zorrillo o gases lacrimógenos, vi a la policía circulando por las ciudades solo con su uniforme, sin cascos ni armas de ningún tipo. Ese nivel de cultura cívica, tanto del Estado como del conjunto de la sociedad, está a años luz de la represión que vivió el movimiento estudiantil el año pasado o la que dejó en la región de Aysén a compatriotas con graves lesiones de por vida. Ese tipo de prácticas simplemente serían inaceptables en la isla, ya que sin lugar a dudas, un pueblo que ha hecho gala frente al mundo de rebeldía e insubordinación a la injusticia difícilmente se dejaría acayar con instrumentos represivos.

¿Con esto digo que la sociedad cubana es perfecta o que Chile debería iniciar un proceso para parecerse a la realidad cubana? Por supuesto que no. Tampoco quiero ocultar con estas palabras el legítimo descontento que tienen ciertos sectores de la sociedad cubana con su sistema político-social. Tuvimos la oportunidad de escuchar críticas en nuestra estancia en la isla, pero bien distintas a las que se suelen verter acá sacadas de contexto. Conocimos muchos cubanos que aspiran a perfeccionar el socialismo para hacerlo atingente a las nuevas necesidades, que canalizan sus inquietudes a través de instrumentos democráticos para nosotros desconocidos, como la fuerte red de organizaciones sociales, reuniones de rendición de cuentas e instancias consultivas, donde en los últimos años se han dado un serie de discuciones que han llevado a una actualización del modelo encabezada por el gobierno. Algo que es obviado de manera deliberada por quienes hablan de disidencia, solo para resaltar a los sectores alineados con quienes atacan coninuamente el camino que llevan construyendo los cubanos desde hace décadas en contra de los ataques y restricciones de importantes potencias. Nosotros queremos conocer mas de cerca esta realidad, sabemos que es un debate cotidiano en la isla, que no necesita de los medios alternativos que hechan de menos quienes hablan de falta de espacios, porque se da a todo nivel sin tapujos.

Ni Cuba es una sociedad perfecta, ni Chile tiene porque seguir su camino. Los chilenos debemos desarrollar un camino propio para superar la desigualdad, la falta de derecho, la carencia de espacios democráticos y participativos e ir abriéndonos camino hacia la conquista de nuestra soberanía política, económica e intelectual. Todo esto en consideración de nuestra cultura y nuestra idiosincrasia nacional. Ejemplo de esto, es que los amplios sectores de izquierda que valoran la experiencia cubana, siempre hemos apostado en Chile por un camino de amplias convergencias sociales y políticas dentro de un régimen multipartidista.

Espero con estas palabras que el debate que empieza a surgir sobre nuestro viaje a la isla no se contamine con malintencionadas desinformaciones que deforman la realidad de la sociedad cubana. Y, por el contrario, pueda ser esta una oportunidad de generar intercambios más profundos e ir generando aprendizajes para que nuestras sociedades avancen en consolidar derechos sociales, en un ambiente democrático participativo, de defensa de la soberanía nacional y con valores como la solidaridad, el respeto en la diferencia y el principio de autodeterminación de los pueblos.

domingo, 15 de enero de 2012

En relación a las próximas presidenciales

En la edición electrónica del diario español El País, con fecha 15 de Enero, fue publicada una entrevista que me realizaron la cual ha sido replicada por diversos medios nacionales. Al respecto, me gustaría hacer un par de aclaraciones y reflexiones sobre algunos de los contenidos de ésta:

El formato de una parte de la entrevista da cuenta de cierto tono de dureza que no se condice con la intención de mis palabras. Pues para ser objetivos, a la fecha los comunistas no hemos definido nuestro candidato presidencial y nuestra apuesta es que dicha decisión pase por todas las fuerzas políticas y sociales de oposición que están dispuestas a avanzar a un cambio profundo del modelo económico y político del país.

La candidatura que provenga del mundo e historia de la Concertación, cuenta con la justa deslegitimación por parte de un sector social mayoritario dada la profundización al modelo de desarrollo neoliberal a la cual se abocó esta coalición, apostando a la desmovilización y a la descomposición del tejido social. Para nosotros, no es una opción viable dar un apoyo a las mismas ideas que administraron el sistema por 20 años. Lo que hoy busca nuestro Partido y propone al conjunto de la sociedad chilena, es la conformación de un Gobierno de Nuevo tipo que represente fielmente los intereses del mundo social donde los ejes estarán en temas como la educación pública gratuita y de calidad, el fin al lucro, nueva Constitución, una nueva ley electoral y reforma al binominal, plebiscito, reforma tributaria y nacionalización del cobre y el agua, entre otros elementos que permitan avanzar hacia una sociedad donde se garanticen derechos sociales universales, se ensanche y profundice la democracia y se pueda convivir en mayor armonía con el medio ambiente.

En otras palabras, no habrá apoyo a candidatura alguna que no se comprometa con un programa serio, que refleje los cambios políticos y económicos que la sociedad chilena está demandando y que pasan por transformar el actual modelo. El próximo candidato deberá representar fielmente las demandas que han emergido durante este periodo donde la ciudadanía ha despertado.

Nuestra propuesta es un Gobierno que sustente su gobernabilidad en un mundo social organizado y no en meros equilibrios parlamentarios. Y eso, junto con el carácter explícito anti-neoliberal, son aspectos que los comunistas impulsaremos a la hora de proponer una alternativa de Gobierno.

Finalmente, me gustaría hacer énfasis en que los comunistas elegiremos nuestro candidato presidencial, de la misma manera en que tomamos nuestras decisiones: luego de un proceso intenso de discusión programática y de forma colectiva, donde cada integrante de nuestro Partido se hará partícipe del debate y la toma de dicha decisión. De esta manera, específico, mi candidato presidencial será aquél que como colectividad acordemos con miras a un mayor bienestar social y a un gobierno de mayor justicia e igualdad social.

Demás está decir que, la discusión presidencial, es sumamente apresurada, dada las importantísimas responsabilidades que tiene el mundo social y las fuerzas de izquierda este 2012: proyectar las movilizaciones y las demandas que emergieron del despertar del 2011 y desplazar a la derecha de los municipios, apostando por darle un nuevo carácter a los gobierno locales: fomentando la participación ciudadana, mejorando el acceso a los derechos sociales, construyendo municipios modernos, cercanos a las necesidades de los vecinos y que fomenten la organización social.

Tratar de presionar a los dirigentes sociales, estudiantiles o a la ciudadanía en general a definir una postura en torno a una figura carente aún de contenido programático es inoportuno y un vicio por lo demás, de esta añeja forma de hacer política.

martes, 20 de diciembre de 2011

Discurso Cambio de Mando FECh 2011-2012

Es difícil hacer el balance del presente año de nuestra federación, el solo hecho de sentarse y evaluar, repasar los contenidos, lo hecho y lo olvidado, son ejercicios que requieren de tiempo y tranquilidad, dos elementos que hasta el momento no hemos tenido y que dificultan los análisis a la hora de repasar el año transcurrido.

A esto hay que sumarle la profundidad y alcance que tuvo el movimiento social por la educación, ya que, al contrario de lo que se ha querido presentar, no abarcó tan solo lo meramente estudiantil ni tampoco se contuvo en las paredes de nuestra Universidad, por el contrario, detonamos un movimiento que sacudió al país, contagió al continente y puso los ojos del mundo sobre nosotros y nuestros resultados, por lo que hacer un balance de la FECh que tan solo abarque a la FECh no es sensato ni
tampoco corresponde a la realidad de nuestra gestión.

De todas maneras, para partir quisiera agradecer a todas y todos quienes han sido parte fundamental en la construcción de este proceso. A los funcionarios de la FECh por su compromiso y trabajo intachable durante el año, por su paciencia y lealtad a la organización, a pesar de lo difícil que es trabajar con estudiantes todo el día, cuando aún ellos no entienden a cabalidad las condiciones del mundo laboral.
A ellos les debemos nuestro más sincero respeto y el compromiso por hacer de su trabajo un valor a cuidar y resguardar. Sin lugar a dudas, a mi familia y a Julio, que gracias a su incondicional apoyo, amor y entrega pude desempeñar gran parte de mi trabajo en la FECh, incluso en los momentos más difíciles.

A los funcionarios de la Casa Central que nos acompañaron en la toma y ayudaron a cuidar la Casa de Bello. A los académicos que se pusieron la camiseta y que desde oscuros laboratorios, bibliotecas y oficinas sacaron una voz que hace mucho tiempo no se hacía escuchar en nuestra universidad.

A los que se involucraron activamente y no sólo de palabra, a los que madrugaron por tener que preparar el trabajo del paro del día siguiente, a los se mojaron en las manifestaciones, a los que bailaron, actuaron y crearon por este movimiento.

A los secundarios por su capacidad de entrega y valentía, a los estudiantes de instituciones privadas que lograron renovar los aires de este movimiento, a los profesores por trabajar codo a codo con los estudiantes pese a los constantes ataques recibidos, a los pobladores que nos acompañaron en los cacerolazos, las barricadas y las asambleas territoriales, a los trabajadores de la educación y de otros ámbitos que hicieron tremendos esfuerzos por solidarizar y acompañarnos en las movilizaciones y muchas veces también en las discusiones.

En fin, a todas y todos quienes desde sus diferentes frentes de acción, aportaron pequeñas y grandes cosas a este movimiento. Y no quisiera dejar de lado a los que no están presentes, para compartir este importantísimo proceso, pero que, sin lugar a dudas, han sido grandes referentes de la historia, sin los cuales no habríamos tenido capacidad política, teórica, moral e histórica de poder levantar y conducir este movimiento. Hablo de Marx, de Lenin, de Recabarren, de Violeta, Víctor, Gladys, de Lucho Corvalán, de Gramsci, de Allende y tantos otros a los cuales les debemos esto y mucho más y que van siempre a nuestro lado en esta larga marcha.

En segundo lugar, quisiera compartir con ustedes algunas reflexiones que nacen de la experiencia, de las vivencias básicas que este 2011 dejó estampadas en nosotros, hoy tenemos la más profunda convicción de que la fuerza erigida a partir del movimiento debe constituirse como una verdadera posibilidad de transformación social en Chile, debe significar un cambio en la vida de nuestro pueblo y debe constituirse en un ejemplo de lucha para todos los pueblos del mundo en su camino por conquistar más democracia, más justicia social y protección de nuestros derechos fundamentales frente a los embates y colonizaciones del mercado.

Tengo la más plena seguridad de que para todas y todos ustedes, este año ha significado uno de los más importantes procesos de maduración y desarrollo tanto personal como político. Este es un año en el que todos hemos aprendido, por lo tanto todos hemos ganado. A algunos les tocó aprender cayendo duramente, a otros les tocó aprender que lo hecho en el pasado tiene valor en el presente y se configura
como determinante para el futuro, a otros les tocó aprender que no se podía mantener por siempre al pueblo engañado y desmovilizado.

En definitiva, este es un año en que sin duda Chile ganó y eso es motivo de orgullo para los estudiantes de nuestra casa de estudios, hoy día podemos decir con más fuerza y autoridad que la Chile es de todos los chilenos, hoy podemos mirar sin vergüenza al país y decirle: esta es tu Universidad y desde ella luchamos por un Chile nuevo, desde ella luchamos porque en sus aulas vuelvan a caber los hijos de
todo tu pueblo, hijos de buena familia no bastan para nuestros sueños.

Debemos decir también, que durante este proceso tuvimos aciertos y errores, alegrías, frustraciones, encuentros y desencuentros, incertidumbres y certezas, en definitiva, un sin fin de experiencias que, sin duda alguna, estarán siendo en estos momentos revisados en el fuero interno de cada uno, para constituirse posteriormente en el conjunto de elementos que servirán para la proyección de un mejor escenario político en los años venideros.

Y digo esto, porque entendiendo que cada cual de manera individual o colectiva habrá hecho o estará haciendo este análisis, proceso al cual me gustaría poder aportar algunos elementos.

A esto quiero comenzar señalando, que iniciamos este período con mucha claridad respecto al rol que debíamos jugar los estudiantes y la comunidad universitaria en general, en el proceso de transformación y democratización no solo de nuestra universidad, sino que también en el conjunto del modelo educacional, cuestión que señalábamos como un paso estratégico en la dirección de hacer avanzar nuestra sociedad hacia un modo de vida más justo, democrático y libertario.

Comprendíamos con claridad las razones del por qué en Chile se inició un proceso de desmantelamiento de la educación pública y a la vez entendíamos la importancia Fundamental que tenía la configuración de ello con el resultado de la obra total del modelo neoliberal que otrora nos heredaran a sangre y fuego. Asumimos que no teníamos razones para soportar y seguir soportando las condiciones impuestas de un modelo por el cual nadie nos había preguntado y es entonces que decidimos salir a la calle una vez más, pero ya nuestro despliegue, nuestro discurso y nuestro convencimiento se encontraban fuertemente armados, ya no era solo cosa de niños, ya no era cuestión de tiempo.

Entendimos que antes de hacer educación había que pensar la educación, que antes de hablar de calidad debíamos discutir entorno a ella y no aceptar un concepto impuesto y aprendimos sobre todo a no caer en el vicio de elaborar y demandar reformas que no tuviesen coherencia política con la sociedad a la cual aspirábamos vivir y legar a nuestro pueblo.

Cuando hablábamos de cambios estructurales al modelo, hablábamos de construir un sistema educacional que pudiese contribuir a superar la odiosa condición de inequidad, segregación, exclusión y marginalidad con que aún dominan a nuestro pueblo. Que permitiese por vía de la democratización del conocimiento, en cuanto a su acceso, su apropiación y su generación, desarrollar una plaza contrahegemónica a los principios y reproducciones materiales del modelo mercantilista, catalizador de las más profundas desigualdades e injusticias de nuestra sociedad.

Este año pudimos también experimentar muy felizmente, uno de los momentos de mayor debate y participación en nuestros espacios universitarios, fenómeno materializado en los distintos claustros triestamentales y en encuentros que no sólo lograron demostrar que tenemos un gran potencial para la construcción de comunidad universitaria, sino que demostraron también que esa construcción es posible, que podemos elaborar propuestas y dar una señal al país de que lo público se evidencia en
estos esfuerzos incomprables por el dinero. Ahora nuestro principal desafío será potenciarlos y hacer que lo que emane de esos espacios de integración pueda constituirse en patrimonio de la sociedad y en verdaderas herramientas de transformación para nuestro pueblo. Todo esto exige una mayor participación de toda la sociedad chilena en el cuidado y cumplimiento de sus fines.

Quiero también destacar, la necesidad que tenemos como país de avanzar hacia un cambio de paradigma en la forma de hacer universidad, la Chile ya no es la misma de antes, en cierta medida y de cierta forma, hemos cambiado de lenguaje y seremos todos nosotros, estudiantes, funcionarios, académicos y autoridades, los Responsables de conducir a nuestra Universidad hacia una ruptura del statu quo y el orden actual existente. Debemos hacerla avanzar hacia la construcción de nuevos
espacios de encuentro, donde se puedan analizar y poner en cuestión las más diversas formas de vida y posturas político-ideológicas; donde la diversidad debe pasar de la teoría a la práctica cotidiana y se logre la interacción intelectual y humana que nos permitirá ir abordando la complejidad de las problemáticas actuales y futuras de nuestra sociedad.

La verdad es que Chile toma cada vez mayor conciencia de que necesitamos dar pasos decididos en la construcción de un sistema de educación que termine con el progresivo cercenamiento de la identidad y diversidad cultural presentes en nuestro país, que abandone la repetición de estandarizaciones y consignas, la ejecución de órdenes y la búsqueda del logro individual como objetivo inculcado a los estudiantes y académicos, la aceptación de las reglas del mercado, el conformismo y la desmemoria, para cambiarlos por un espíritu de unidad en la pluralidad, por una nueva disposición a educar al conjunto del pueblo, cuyo fin sea su emancipación moral, intelectual y material. Para esto, nos ha resultado indispensable la toma de conciencia de que la educación debe ser entendida como un derecho universal y una inversión social y no como un bien de consumo como algunos nos han pretendido hacer creer.

Sin embargo, compañeras y compañeros, es importante tener claridad de que no podemos caer en el mismo error de los movimientos reformistas de nuestra historia. Si bien entendemos la vigencia de las demandas contra la segmentación del conocimiento y las concepciones tecnocráticas y autoritarias de la enseñanza y reeditamos las propuestas a favor de la autonomía universitaria, el pluralismo, la libertad
de cátedra, la participación de los estudiantes y trabajadores en la dirección de los establecimientos, no podemos creer que ésta sea la única vía para fundar una nueva sociedad.

La tradición liberal iluminista que nos hace creer que el conocimiento es o será LA principal riqueza de Chile y, que la reforma universitaria, o de la educación en general basta para lograr la emancipación de nuestro país a través de la cultura, es algo que aunque coherente y noble, carece de sustento material.

La revolución social no es antes que nada ni tan solo una reforma intelectual y moral, sino que por sobre todo, es una transformación radical en las relaciones de poder político y de acumulación económicas vigentes en nuestra sociedad.

Nadie podría negar que un pueblo culto es menos vulnerable a la dominación y al sometimiento, sin embargo, esa democratización y acceso a la cultura no se obtienen de manera gratuita por parte de los dominados, por el contrario, se arranca con convicción y energía de la mesa del festín de los poderosos.

Cómo lograr esas conquistas debe ser una de las principales interrogantes en estos momentos y una de las mayores tareas pendientes que deja este movimiento. No es menor que después de 7 meses de movilización, durante las cuales logramos legitimar nuestras demandas y representar a más de un 80% de la población, no hayamos logrado avances en términos de nuestras propuestas y nuestras reivindicaciones más sentidas. No cabe duda que a estas alturas del año, cuando ya es compartido que el movimiento logra dar el salto cualitativo desde la demanda gremial-corporativa a una demanda
estructural y de carácter político, las mayorías que salen a las calles ya no son sólo mayorías endeudadas, sino que son mayorías guiadas por la más profunda necesidad de contraponer a la avaricia y la soberbia del sistema, la dignidad de los seres humanos y la recuperación de sus derechos.

Efectivamente no es sólo una consigna decir que Chile cambió, en cada esquina y en cada calle vemos cómo Chile va perdiendo el miedo, cómo la gente vuelve a creer en la posibilidad de los cambios y en la acción colectiva como forma necesaria para alcanzarlos. Atrás queda el pueblo callado y domesticado, acostumbrado al conformismo y al individualismo, incapaz de levantar la voz ante la injusticia y los abusos, por el contrario, la gente sale con alegría a las calles a recuperar la esperanza perdida, sale a decir con fuerza: ¡ya basta de desigualdad, basta de lucrar con nuestros derechos fundamentales y basta de esta pírrica democracia de los consensos!
Sin duda que este movimiento ha logrado evidenciar con mayor fuerza las falencias del sistema, lo cual ha significado un cambio cultural en nuestro país y, aunque embrionario aún, nos permite abrirnos a la posibilidad de avanzar hacia un estado mayor de concientización y de lucha social.

Este año, también ha quedado demostrado que con un gobierno de derecha los avances sociales a favor del pueblo son un imposible, el sistema político presidencialista logra que el ejecutivo tenga la sartén por el mango y puedan hacer y deshacer según como le venga en gana.

Por otra parte, las consecuencias del binominalismo se hacen sentir con fuerza en el parlamento, configurando mayorías opuestas a la ciudadanía y dejando un margen de acción muy estrecho para fuerzas sociales y políticas contrarias al dictamen de los poderosos. Alterar este orden, también es una tarea pendiente de nuestro movimiento, ya que las consecuencias de ello se harán sentir con fuerza en proyectos de ley que ya están siendo tramitados en el parlamento, tales como el proyecto de desmunicipalización, Superintendencia, Ley de Universidades Estatales, Democratización, Fin al Lucro, entre otros, los cuales de no mediar una acción política y social poderosa y eficaz por nuestra parte, serán arreglados al gusto de unos pocos y para el desmedro de millones, tal como se han venido haciendo las cosas en nuestro país a lo largo de estos últimos treinta años.

Y he aquí un punto de maduración importante que hemos adquirido con este movimiento: nuestro principal problema no es de recursos, es de democracia. La reproducción del poder político sobre sí mismo con independencia de la inclusión y participación de las grandes mayorías ciudadanas ha hecho a nuestra democracia perder valor y a nuestros ciudadanos perder interés por ella. Lo que ayer fue un profundo anhelo de generaciones enteras que entregaron su vida por obtenerla, hoy es solo un mal
recuerdo por el que no vale la pena ni siquiera interesarse.

La clase política contra la cual algunos creen luchar, no es más que el reflejo del ordenamiento del poder existente en nuestra sociedad, para nosotros no existe “la clase política”, existen las clases sociales, donde se inscriben dominados y dominadores, explotadores y explotados. No podemos seguir aceptando el uso de un concepto vago y poco definido, que viene por sobre todo a atenuar y confundir
el centro de las preocupaciones que como pueblo debemos tener para superar el actual esquema de dominación existente en nuestro país.

Es a esos sectores a los que hay que desplazar de la toma de decisiones, a quienes gozan de la acumulación de capital, sumado a la acumulación de poder político, comunicacional y cultural. A los que hoy toman decisiones por nosotros y no nos permiten participar directamente en la construcción de nuestro propio futuro. Ellos son la geometría del poder que se constituye como la gran mordaza a los avances del pueblo chileno en materia de derechos y reivindicaciones y es contra sus privilegios por lo que luchamos.

Por lo mismo, es que no entendemos como aceptable la renuncia a la disputa de espacios de representación dentro de la institucionalidad política, no podemos negarnos a subvertir la correlación de fuerzas al interior de esta espuria institucionalidad burguesa, muy por el contrario, ello debe constituirse en uno de los pasos fundamentales que este movimiento logre dar, no el único, pero sin
lugar a dudas debemos trasladar la mayoría de las calles al interior del parlamento y el aparato del Estado, y que vuelvan a ser los trabajadores, pobladores y estudiantes quienes manejen las riendas de su propio futuro, participando, sin otros intermediarios, en la elaboración de las leyes y normas que nos devuelvan nuestros derechos.

Hoy, producto de la histórica movilización desencadenada en nuestro país, hemos logrado provocar fisuras y resquebrajar la construcción hegemónica neoliberal dominante, instalada hace ya más de treinta años por la dictadura. Sin embargo, esta aún no está derrotada, tiene fisuras y está agotada, pero nada indica que no pueda recomponerse sobre sus propias fuerzas, como históricamente lo ha hecho y vuelvan por tanto, nuevamente las fuerzas neoliberales y reaccionarias a ganar poder para reestablecer su hegemonía e incluso blindarla. Existe una crisis de legitimidad del neoliberalismo, eso está claro, ahora de nosotros y de las fuerzas democráticas depende avanzar con convicción y fuerza para derrotar a la maquinaria vil que ya no se puede seguir sosteniendo.

La fuerza y presión democratizadora que están generando los actuales movimientos y organizaciones sociales ya no son sólo en demanda de reformas sectoriales al modelo, sino que por sobre todo, son para hacer avanzar al país hacia la construcción de una sociedad más justa e igualitaria, ahí está el desafío estratégico de nuestro movimiento.

No quiero terminar, sin antes enunciar algunos de los desafíos que como país tenemos pendientes.

Chile debe avanzar hacia un modelo de sociedad que sustituya el principio de la competencia por el de la cooperación, que sustituya al individualismo por la solidaridad y la acción colectiva, a los bienes privados por los públicos, que permita la socialización de las fuerzas productivas y el reparto equitativo
del trabajo común, el reconocimiento efectivo del derecho de cada persona a vivir plenamente su vida intelectual y moral. Se requiere urgente renovar la vida pública para recomponer el tejido social, ensanchar los cimientos de la justicia, y construir una nueva geografía del poder, donde no se permitan más abusos ni explotaciones.

Las esperanzas del pueblo están en todos nosotros, y los estudiantes, los demócratas y la izquierda chilena no pueden desconocer el nuevo escenario en el cual estamos inmersos, menos todavía repetir viejas recetas que con la experiencia histórica ya se han visto fracasadas. Debemos ser capaces de fijar un nuevo horizonte para nuestro desarrollo, un nuevo camino por el cual transite nuestro modelo de sociedad y nuestra democracia, necesitamos un nuevo marco en el cual todos por igual tengamos los mismos derechos y las mismas libertades.

Para finalizar, quiero decir que lo que viene es tanto o más importante que lo pasado, quizás el próximo año no haya movilizaciones tan masivas como las de este, pero ello no será excusa para que la lucha no se intensifique. Quiero darle mis saludos a Gabriel, decirle que cuenta con todo mi apoyo en este año de gestión que le tocará vivir, que pese a los inventos mediáticos y diferencias de pasillo que
pretenden instalarnos, ambos sabemos que es mucho más lo que nos une que lo que nos separa y que puede esperar de nosotros, los comunistas, todo el apoyo y la lealtad en esta enorme lucha que juntos enfrentamos, que tal como hace cien años, seguiremos estando firmes junto a los trabajadores y el pueblo, articulando la lucha social en sus más diversas formas, para así proyectar una alternativa de democracia real para todos los chilenos.

La primavera promete nuevos frutos, dependerá de todos nosotros, cuán dulces puedan ser.

lunes, 5 de diciembre de 2011

ALGUNOS ALCANCES SOBRE ESTE MOVIMIENTO Y SU CONTINUIDAD

Este movimiento, fruto de largos procesos de acumulación, maduración política y consolidación orgánica en el seno del mundo educacional, no sólo ha logrado elaborar un diagnóstico que demuestra la triste realidad del sistema de educación chileno, sino ha constatado en su origen y evolución una causalidad funcional a la reproducción y profundización de las desigualdades en nuestro país. Dado el rol que juega la educación, al constituirse dentro de la superestructura social como herramienta de transformación o reproducción material y cultural de las ideas de un modelo económico, social y político determinado, hoy día no caben dudas de que éste es un sistema conscientemente perverso.

Hemos visto como la educación en Chile contribuye enormemente a la exclusión, la segregación y a la segmentación social. La competencia como elemento movilizador de la calidad educativa, al echar a competir a los actores, ha terminado por eliminar toda posibilidad de que la red de prestadores pueda desarrollarse como un verdadero sistema, y por el contrario ha contribuido a su
fragmentación. La sobre valoración exacerbada de los métodos de evaluación estandarizados por sobre los procesos de formación, terminan por evidenciar las enormes desigualdades de origen y permitir la discriminación en base a ello. La compartimentación de los contenidos en conocimientos útiles sólo para el “emprendimiento”, no permiten formar sujetos integrales y con capacidad crítica. El sesgo deliberado en la formación de los educandos los predestina a ser mano de obra barata del aparato productivo o en profesionales para el mercado. La concepción de bien e inversión individual - en lugar de pública - al momento de financiar la educación, permite que el costo de educar recaiga en cada familia, y sea finalmente su capacidad de pago, lo que determine el ejercicio de su derecho a la educación.

Éste modelo se encarga de la generación de un imaginario sociocultural que promueve principios y valores propios del neo-liberalismo, principios anti éticos como el individualismo, el consumismo, a apatía y el exitismo, y que junto a aspectos económicos y jurídicos, generan las condiciones para legitimar una dominación ejercida por los sectores minoritarios que se benefician del sistema, a costa de las grandes masas de trabajadores, pobladores y estudiantes que se ven perjudicados y arrastrados en una correa sin fin, donde son siempre ellos quienes asumen los costos a través del endeudamiento, la inestabilidad laboral, la sub-valoración profesional y la cesantía. Mientras llueven las utilidades de empresas que sin producir o innovar, lucran de manera muy conveniente con lo que en cualquier otro país es considerado un derecho.

Ante esta desgarradora realidad, es que la demanda del movimiento estudiantil que rápidamente hace eco en el grueso de mundo social, se torna una cuestión eminentemente política. Pone en disputa el rol que debe jugar la educación al interior de la sociedad y por ende, su relación con el mercado y el Estado. En este sentido, la recuperación de la educación como un Derecho social y una Inversión Social, no es sólo para generar movilidad social, sino para que la sociedad cuente con una institución dedicada a cuestionar y a criticar objetivamente la estructura, el desempeño y la trayectoria política y social de sí misma (Meller, P. “El problema no es el lucro, es el mercado”) a partir de la democratización del conocimiento y la formación integral de todo su pueblo. Esto último merece verdadera atención, dado que ante la complejidad de nuestra sociedad actual (injusticia social, aumento progresivo de las desigualdades, disminución generalizada de la calidad de vida, violencia estructural, deterioro ambiental, precarización laboral, etc.) no podemos disponer de profesionales y técnicos con una visión fragmentada y limitada sólo a los conocimientos útiles para el emprendimiento individual o colectivo, sino que sujetos, generaciones completas que cuenten con una mirada integral y amplia de la realidad nacional y mundial, sólo así podremos afrontar la complejidad de los problemas sociales y medioambientales que nos aquejan. En definitiva, se trata de generar dispositivos contrahegemónicos al modelo de mercado, que que es este el que aliena a nuestra sociedad y la condena a la mantención de las desigualdades e injusticias actuales.

En este sentido, entendemos que el Estado como institución que vela por el bien, la democracia, libertad y justicia social, es el que debe proveer de una educación pública, que cubra todas las regiones y niveles de enseñanza, que eduque a todos los segmentos socioeconómicos sin discriminación, que sea pluralista y asegure libertades mínimas para la formación de seres humanos preparados para el ejercicio democrático, tolerantes, críticos y responsables socialmente. Un sistema que no tenga como finalidad la acumulación de capital financiero a costa de los sueños de miles de familias, sino que tenga como finalidad hacer que el país cuente progresivamente con una mayoría de personas que de manera crítica se dediquen al trabajo científico, técnico, intelectual y artístico que requiere su desarrollo social, económico y cultural en igualdad de condiciones.

El conocimiento es nuestra principal herramienta para una posible emancipación social, si no aseguramos el acceso al conocimiento integral y complejo a todos los ciudadanos, difícilmente el país alcanzará el desarrollo justo, y por el contrario, seguirá manteniendo la inequidad que hace
posible la apropiación del conocimiento por unos pocos que se valen de él para someter a las mayorías ignorantes.

Cuando entendemos que la demanda es mucho más que educación gratuita, de calidad y para todos, sino que se erige como posición contrahegemónica al modelo mercantil de educación, nos damos cuenta que aquellos que lo sustentan, difícilmente estarán dispuestos a ceder y arriesgar así sus privilegios. Su modelo está amparado en posiciones profundamente ideológicas y en un conveniente ordenamiento de las relaciones de poder heredado de la dictadura militar. No por nada, después de largos meses de movilización el gobierno, junto con la complicidad de quienes durante 30 años mantuvieron el modelo, sigue repitiendo como disco rayado una propuesta de reforma que aparenta cambiarlo todo para finalmente no cambiarlo nada. Un discurso (facilitado por los medios de comunicación) que muy hábilmente recoge nuestras demandas y las distorsiona para transformarlas en argumentos que reafirman la perpetuación y profundización del mercado en la educación con absoluta hegemonía.

¿Cómo es que contando con el apoyo de una mayoría de chilenos, teniendo el respaldo de organismos y tratados internacionales, ademas del dilapidario diagnóstico de un sistema donde es escandalosa la desigualdad y el abandono del Estado, es posible que nos encontremos hoy sin ningún avance sustantivo en la dirección de un cambio estructural? La verdad es que el problema comienza a visualizarse como algo que está mas allá de lo meramente educacional y comienza a evidenciar un conjunto de sistemas que operan coordinadamente para el mantenimiento del modelo y sus relaciones de poder, donde la educación es solo una de sus tantas piezas.

Gilberto Valdés, filósofo cubano, en su libro “Posneoliberalismo y movimientos antisistémicos”, reconoce que la explotación económica; el vaciamiento de la democracia representativa; la discriminación sociocultural; la enajenación mediático-cultural; y la depredación ecológica entre otras, son parte de un conjunto de prácticas que permiten la exclusión social, la opresión política en el marco de la democracia formal, el mantenimiento de las elites en el poder, la concentración de los medios como forma de dominio del capital sobre la sociedad para la contrainsurgencia de alternativas que pongan en peligro su hegemonía, y la maximización de las ganancias de grandes empresas multinacionales e internacionales a costa del ser humano y su medio ambiente.

Según G. Valdés, todas éstas prácticas dan cuenta de la existencia de un Sistema de Dominación
Múltiple que comprende todas aquellas formas históricas y presentes de dominación, en el ámbito económico, político, social, educativo, cultural y simbólico donde la hegemonía del capital termina siendo una praxis y un modo de pensamiento, de subjetividad que se elabora desde las matrices ideológicas de los dominadores. En definitiva, que los sistemas de dominación abarcan amplios aspectos de la vida diaria y que se reproducen metabólicamente en lo material y económico, pero también por medio de las relaciones culturales más mediadas.

Si revisamos la realidad chilena, nos damos cuenta que la profunda desigualdad que aqueja a nuestro país, la que se expresa en el ámbito educacional pero también en la salud, el trabajo, la vivienda y nuestro sistema democrático, es la consecuencia lógica de la aplicación de esta multiplicidad de formas de dominación, que se consagraron de manera clara con los amarres de la dictadura como base fundamental para el mantenimiento del modelo neoliberal. De ahí que el sostenido crecimiento económico del país del cual se jactan todos nuestros políticos, acompañado de la focalización del gasto social propio de un Estado Subsidiario, si bien ha reducido los niveles de pobreza e indigencia en el país, no ha logrado en más de 30 años disminuir los graves problemas de desigualdad e injusticias sociales, sino que ha conseguido profundizarlos.

Y es que con la imposición de un Estado Neoliberal la inversión, la producción y el aseguramiento de los derechos sociales de los ciudadanos quedaron relegadas a los privados, convirtiendo todo en un mercado de intereses particulares. Aquí prima el desencuentro por sobre la cooperación, el individualismo por sobre la solidaridad, la competencia por sobre la colaboración, y los bienes privados por sobre los bienes públicos. Un modelo que ha significado un gran retroceso en las conquistas democráticas que hicieron de lo publico un valor fundamental para el desarrollo en igualdad de condiciones a nuestro pueblo. El sistema económico y político fue transformado para asegurar la mantención en el poder a un reducido grupo de familias y/o empresarios a través de la apropiación de nuestros recursos y medios de producción tanto en el plano material como cultural, inhibiendo toda posibilidad de desarrollo humano y soberano de las grandes mayorías.

Consciente o inconscientemente este movimiento en su proceso de análisis y deliberación ha escarbado en los orígenes del estatu quo, hasta toparse con el corazón del modelo mas allá de su componente educacional. Ha concluido que va a ser imposible que exista solución estructural al conflicto con un modelo que no se erradica sólo con marchas en las calles o mesas de diálogo, porque no hay conciliación de clases posible cuando los que tienen mucho, si pueden parapetarse en los aparatos institucionales, jurídicos, políticos y electorales jamás van a dejar de creer que cada peso que tienen es merecido y que no les corresponde entregarlo aunque provenga del despojo vil de lucrar con los derechos.

El hecho esperanzador es que estas ideas hace eco en todos los que nos vemos afectos por este modelo de “desarrollo” neoliberal; cada vez somos mas los que nos recocemos entre los despojados, ultrajados y perjudicados; cada vez son mas lo que abren los ojos para constatar que existen privilegios solo para unos pocos; y así comienza a surgir la visión sistémica del problema y la necesidad de una mayor convergencia y activismo social. Este es el momento adecuado para compartir problemáticas y posiciones y generar así las condiciones para el desarrollo estratégico del movimiento. Es la oportunidad para que propiciemos el acercamiento entre diversas demandas y prácticas emancipadoras que hoy aparecen contrapuestas o no articuladas, y comencemos a erradicar los reduccionismos que predeterminan tareas, labores o ámbitos de acción a los distintos actores sociales, como caminos separados o paralelos. Si no generamos una diversidad articulada, difícilmente podremos llegar a constituirnos como los futuros sepultureros de esta reproducción “natural” del modelo neoliberal.

Por eso es rol fundamental de este movimiento, entenderse en su verdadera fuerza, que ya no reside solamente en su capacidad de presión, sino que se respalda en la capacidad de propuesta y acción política. La sociedad civil, durante más de 30 años atomizada, desesperanzada, sin visión o perspectiva de futuro, ahora se expresa a través de sus organizaciones sociales y sindicales como una masa crítica con la inspiración y motivación suficiente para ser parte de la construcción de un modelo de sociedad distinto. Estamos ante una oportunidad histórica que nosotros mismos hemos generado y de la cual debemos hacernos cargo; una oportunidad que nos empuja a actuar en unidad a pesar de las diferencias; que nos obliga a disputar espacios, a articularnos a nivel a territorial, apostando constituirnos en núcleos de generación de un ideario contrahegemónico, en espacios críticos, de formación y promoción de valores antineoliberales. Que nos obliga en definitiva a entretejer una plataforma política y orgánica, articulada y multisectorial, que sea catalizadora de la construcción de una verdadera alternativa al modelo neoliberal en nuestro país y que sea capaz de disputar el poder para llevarla a cabo.

El movimiento tiene condiciones para pasar de la crítica al modelo y del accionar testimonial y contestatario, a la construcción estratégica y a la acción política efectiva, construyendo mayorías y dotando de viabilidad las propuestas, tensionando el aparto institucional desde dentro y fuera, aprovechado cada grieta o error de este cuidado andamiaje de contención social para derribar todo lo que deba ser trasformado. Solo en esta perspectiva de construcción será posible un nuevo modelo educacional, refundado desde sus bases para responder a otro sistema de desarrollo. Chile no va a transformar de raíz su educación si no enmarca esta lucha en una gran batalla por erradicar todo resabio autoritario, antidemocratico y mercantil de todo ámbito social, político y económico. La educación emancipadora, igualitaria y liberadora será un primer puente entre el pueblo y la construcción de su destino.